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Periodistas, crisis y la larga agonía de la libertad de expresión

Vais a permitirme entrar en vuestra pantalla así, de pronto, para pediros que me acompañéis en una reflexión. Sé que no me he pasado mucho por aquí últimamente, sé que he incumplido una promesa tras otra como un político cualquiera. Lo sé. Pero estos días las malas aguas del periodismo me han revuelto el estómago. Y no me ha quedado otra que venir aquí a escupir un poco de rabia. Leedme desde el cariño, que nadie se me ofenda, por favor.

Si fuera poeta, hoy escribiría una elegía. Porque estamos casi muertos, porque vamos a morir todos. Sí, así, sin paños calientes. En las últimas semanas, sin tener demasiado tiempo para pararme y leer -como viene ser, por desgracia, habitual en mí desde hace ya una larga temporada- he visto titulares, me he encontrado amigos, he recibido llamadas y lamentos sobre todo lo que se le viene encima al periodismo. Nada que me sorprenda ya. El anuncio de la muerte de la profesión lleva demasiado pesando sobre nuestras cabezas. Personalmente, todo esto, ya solo me produce hartazgo y una profunda desilusión.

Una profesión como el periodismo no muere a menos que muera la ciudadanía (aunque hemos de reconocer que ya estamos un poco zombies…), que muera su interés por saber, por entender, por participar en lo que se supone su gobierno. El gobierno del pueblo y tal. Todo eso que nos vendieron. Lo típico. Al periodismo se le mata, se le amordaza, se le humilla y se le corrompe. Y ahí están muchos picando piedra. Tantos como para empezar a hacer daño de verdad.

EREs y silencios

Pongamos contexto para el que ande despistado. Unidad Editorial prepara un nuevo ERE que sumará a los 900 despidos que suma desde que empezó la crisis y que se añaden a la infinita lista de todos los periodistas que han acabado en la calle desde que ¡plop! la burbuja de esa vida de lujos y bienestar que tanto se prometía España estalló para siempre. Sí, adiós y hasta nunca. Una pena que tantos compañeros se queden sin trabajo, sin salario, que tengan que buscarse la vida una y otra vez desperdiciando su talento haciendo lo que cada uno buenamente puede para pagar el alquiler… Una injusticia sabiendo lo que cobran quiénes mueven los hilos. Una barbaridad si uno piensa en lo que queda en las redacciones de esos medios con los que algunos hemos crecido, en los -unos débiles y otros podridos- mimbres con los que se prepara la información.

Pero, precisamente, los peores moratones que luce la profesión de periodista no es el problema de los despidos, la crisis de los medios como negocio rentable (nunca se supuso que tuvieran que serlo…). El auténtico drama es otro. Más profundo, más cancerígeno que todo eso, más mortal. Y aquí es cuando de la desilusión paso directamente a la desesperanza, al grito, a cagarme en todo lo que estamos dejando que suceda. Todos. La sociedad al completo. Porque esta guerra de la que hablo no acabará solo con unas cuantas bajas en las filas de una redacción: esta mierda va a acabar con uno de los pilares básicos que debe tener esa democracia sana de la que siempre hemos querido presumir y que siempre ha sido -ahora lo vemos claro de verdad- una mera alucinación, como el que cree haber encontrado un oasis en pleno desierto. Yo la primera.

Sí, me he levantado filosófica y con el humor tocado. Pero es lo que hay. La realidad se lo merece. Que los medios y los grupos que manejan el cotarro informativo en este país decidan que quieren irse a la mierda y cargarse la libertad de expresión y el derecho a la información veraz que tiene el ciudadano es, como mínimo, para salir a la calle y colapsar el país. Ya no disimulan (lo de Cebrián es un ejemplo perfecto de que todo se va al carajo o, más bien, que todo se ha ido al carajo ya). Les da igual, hacen, deshacen, nos mienten abiertamente, nos manipulan… Y nos dejamos manipular.

Que nadie tire la piedra y esconda la cabeza porque, además de ser una bajeza, es de cobardes. Y el periodismo nunca ha sido una profesión de cobardes. Aunque gente ha habido siempre para todos los gustos. Por suerte -y ahora rompo una lanza por el optimismo-, hay muchos valientes aún sueltos. Y algunos saben hacer ruido. Este post es para ellos.

Los buenos

Gracias por gritar por los que no lo hacemos. Gracias porque no nos lo merecemos, pero es necesario. Sin vosotros, los que quedáis aguantando el tipo, ya todo estaría perdido. No importa si no estáis ya en un medio de comunicación de toda la vida, no importa si solo gritáis desde vuestro propio blog, desde el twitter, desde los balcones o desde una rueda de prensa, preguntando lo que hay que preguntar y se supone que no debéis ni pronunciar. Lo importante es que seguís gritando.

Porque al tiempo que Cebrián y tantos como él intentan tapar bocas y poner puertas al campo, el campo crece, se extiende y, a veces, hasta da frutos. Los papeles de Panamá son un ejemplo, pero estoy segura de que vendrán más. De que se ha abierto una puerta a la esperanza en medio de la desilusión. Yo me he ilusionado. Mucho. Y desde el lado oscuro del marketing al que ahora me dedico, me río a carcajadas de todos a los que les habéis destapado las vergüenzas, orgullosa de vuestro trabajo. Envidiosa perdida de no estar ahí, haciendo lo que toca.

Por eso escribo esto. Porque me ardía por dentro la voz y me quemaba la boca del estómago. Porque si esto es lo mínimo que puedo hacer, gritar desde este ridículo confín de un blog cualquiera, quiero hacerlo. Quiero decir que somos muchos los que os admiramos, los que os apoyamos y los que todavía creemos en esta profesión cuya tumba cavamos un poco más cada día. Que yo, por mi parte, dejaré de cavar y empezaré a levantar peldaños en la medida en que pueda. Que si hay que morir, se muere bailando. Gracias. De corazón.

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La marca personal en Internet

Configurar una buena marca personal online para un periodista es vital hoy en día, pero la mayoría están tan arrastrados por la rutina diaria que no tienen tiempo o no saben cómo hacerlo: del papel se puede trasladar parte de la marca ya existente, pero el usuario online exige al periodista saber manejarse de una forma fluida en este nuevo entorno. Es, para este nuevo público, una razón de peso para otorgarnos su confianza. Y, para el periodista, una oportunidad de diferenciarse.

marca personal claves

Convertirse  en referentes para un público que busca -de forma habitual o puntual- información sobre un determinado tema no se consigue de la noche a la mañana y exige grandes esfuerzos de dedicación, horas de información y formación, tardes enteras de edición, revisión, conversaciones en red, congresos y eventos offline…

Pero por algún sitio se debe empezar. Lo simple suele dar buenos resultados: basta con apostar por la generación de contenido desde un blog personal en el que escribir sobre ese tema en el que sabemos que somos realmente buenos, en el que nos diferenciamos de los demás o del que nos resulta más fácil hablar y comentar.

Marca personal: apuntes básicos

.- Presencia en redes sociales. Una vez que tengamos la idea de nuestro blog en la cabeza (un buen tema, las 2-3 primeras entradas, nuestra página de biografía, nuestra declaración de intenciones, etc.) debemos perfilar también las redes sociales que tienen un perfil más profesional (compartir tu contenido en Facebook para que lo lean tus amigos y conocidos está bien… pero no es suficiente ni tiene el valor que necesitamos para crear una marca personal profesional). Entre esas redes y plataformas de contenidos, por tanto, no debería faltar Twitter, Linkedin, Disquus, Digg/Menéame

marca personal online
.- Sé fiel a tu imagen… de marca. Al igual que sucede con las empresas (aquí la “empresa” eres tú) es necesario seguir una imagen coherente con lo que deseamos representar, con lo que queremos que el público perciba de nosotros. Por eso, aunque pueda parecer una cuestión menos, es importante mostrar la misma foto en todas las redes sociales y plataformas que utilicemos para desarrollar nuestra profesionalidad online. (Nota interesante: mejor si sales con una sonrisa. La sonrisa está minusvalorada pero la experiencia me dice que con una sonrisa puedes conseguir más cosas que con palabras).

.- Busca un eslogan/frase corta que te defina tanto en lo personal como en lo profesional. Rellena todos los datos que te pidan en los perfiles que puedan ayudar a tus lectores a entender tus contenidos, tu tono, tu estilo o la temática sobre la que escribes.

Personal Brandind
.- La ley de la constancia. El trabajo constante se premia en la red. Puede que al principio seas un auténtico desconocido pero verás que poco a poco vas ganando seguidores cada vez más relacionados con tu profesión y tus expectativas profesionales. Sé selectivo y cuida tu amistad con esas personas que profesionalmente te parecen interesantes: seguro que te aportarán muchas cosas, desde su conocimiento leyendo sus blogs a su experiencia si les pides ayuda puntual.

.- Desvirtualízate. La red está fenomenal para conseguir una proyección amplia y relativamente rápida si atendemos a otro tipo de fórmulas de promoción tradicional. Sin embargo, llegado un punto, ese trabajo de proyección virtual debe ir acompañado de hechos, de presencia: en congresos, seminarios, colaboraciones con otros profesionales del sector, pequeños encuentros con aquellos seguidores con los que más te identifiques… Este paso no es esencial (y a mí, la verdad, es el que más me cuesta) pero a mucha gente le funciona y puede marcar la diferencia a la hora de desarrollar de forma más completa tu marca personal.

Por muchas recomendaciones, sugerencias y literatura que se escriba sobre el asunto, lo cierto es que cada uno debe encontrar y elegir la fórmula con la que se encuentre más cómodo. No cabe duda que Internet ofrece un escenario incomparable para desarrollar una presencia profesional online que reporte buenos resultados pero, ante todo, uno debe entender qué clase de profesional es y cómo quiere que los demás lo entiendan. Casi nada, eh 😉

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Lo que cuesta un Community Manager

Por Eva Diz

Las tarifas y los sueldos que cobran los Community Manager y los Social Media Strategist (no, no son lo mismo) han sido y siguen siendo motivo de debate y duda permanente en el sector y entre los propios clientes. Los primeros, porque han visto como una profesión nueva y pujante, con gran proyección, está siendo amenazada por la entrada de cientos de personas que, sin la formación adecuada, acaban por desprestigiar la labor del profesional auténtico y riguroso. Los segundos, porque desconocen el trabajo real y la responsabilidad que exige la gestión en redes y prefieren pagar menos. Siempre.

La idea de que en Internet todo es gratis se ha extendido como la pólvora y ha cuajado en muchas mentes de las cuales es difícil arrancar esa imagen de lowcost que pesa sobre casi todos los servicios que se prestan a través o para plataformas digitales. ¿A nadie le ha llamado la atención la polémica surgida alrededor del anuncio de la aplicación de mensajería Whatsapp de cobrar 0,79 céntimos al año por usar su servicio?

A mí sí: cómo es posible que nos quejemos a voz en grito de que nos quieran cobrar 0,79 céntimos de euro por la aplicación que más utilizamos en nuestros teléfonos y que nadie haya levantado la voz por el coste de los SMS o de la conexión a Internet que nos cobra nuestro operador de telefonía o, simplemente, por el hecho de que todavía, a estas alturas de la película, la conexión wifi a Internet en centros públicos (sedes de ayuntamientos, centros de organismos públicos, plazas, parques o bibliotecas) se ofrezca con tiempos limitados o incluso con cuotas de pago por hora

Bueno, quizás no sean cuestiones muy comparables y, ciertamente, sí  existen grupos de usuarios y consumidores que no han dejado de alzar la voz ante ambas situaciones pero, desde luego, no deja de ser sorprendente cómo se llega a perder la noción del valor de las cosas en el mundo digital… y en el que no lo es tanto. Uno se compra un iPad, se deja una pasta y luego ratea a la hora de descargar una aplicación de pago que podría facilitarle la vida y que, con un solo clic, podría transformar su iPad de un mero juguete de diseño a un centro de trabajo (y sí, conozco casos, así, en plural). Del mismo modo, uno ve las posibilidades de Internet y quiere tener una web y presencia en redes sin soltar un duro.

Tareas diarias de un community manager

Pues lo siento pero NO. Lo gratis no existe, aunque lo parezca. En Internet todo vale dinero, porque el tiempo -¿¡quién lo duda!?- es oro y una buena presencia en red exige mucho, pero que mucho tiempo, esfuerzo, dedicación, recursos, creatividad y conocimiento. Existen profesionales que gestionan la presencia en red de las empresas porque una buena estrategia en red requiere un trabajo profesional y no un primo abriendo un perfil de Facebook. Cierto es que para muchas empresas el primo de Facebook es una opción válida ya que, total, para sus objetivos de negocio, lo más probable es que Facebook ni siquiera les aporte nada. Y están, porque hay que estar, porque está el vecino y está de moda.

Recurro al paralelismo que la situación del Community Manager en España me invita a hacer con la que padece desde hace años el periodismo: cualquiera puede escribir (cuántas veces lo habré escuchado), cualquiera puede ponerse delante de un micrófono, cualquiera puede realizar una crónica de un suceso o sacar una fotografía de portada, cualquiera puede sentarse en un plató de televisión y opinar… Sí, cualquiera puede hacerlo, pero un periodista de los de verdad lo hará de forma profesional, abarcando las perspectivas que sean necesarias, escuchando a su interlocutor antes de rebatir, antes de preguntar, buscando contexto, usando un lenguaje apropiado, hilando fino para que todo sea correcto, adecuado y aporte a la audiencia una visión útil de la realidad que se debate, se narra, se describe. Es, como diría un buen compañero y gran profesional, “elegir entre tener chóped o jamón serrano”.

Community Management informe 2013

Allá cada cual, pero es trabajo de los que nos movemos profesionalmente en este entorno insistir en esa diferencia, la que hace que un trabajo tenga valor y, por tanto, deba pagarse por el esfuerzo, la responsabilidad, la experiencia y la profesionalidad del que lo ejecuta. Si me duele algo, yo prefiero a un médico bien pagado y no a un curandero que me ofrezca una consulta gratis; un fisioterapeuta y no un centro de estética donde ofrezcan masajes relajantes… Pero, insisto, allá cada cual porque ahí es donde radica la libertad de elección, en el conocimiento de las opciones, con todas sus consecuencias (sí, letra pequeña incluida y bien grande, si puede ser).

La misma libertad que hoy utilizo en este blog para expresar mi indignación por casos que escucho (cada vez más) y que me llevan a pensar que nunca aprenderemos. Porque buena parte de la situación se debe a nosotros, a los propios profesionales que, dadas las circunstancias (y porque todos tenemos que comer), bajamos los precios hasta cantidades irrisorias que pervierten toda competencia y trabajo digno. Y lo digo desde la más profunda autocrítica, ya que esto no deja de ser una reflexión en voz alta.

Creo que hay que poner más empeño en enseñar al cliente, en defender el valor del trabajo, en insistir en que todo esfuerzo merece ser recompensado y que, además, ésa es la mejor forma de obtener siempre un buen resultado: nadie trabaja igual cuando cree que está siendo justamente tratado que cuando lo hace por sobrevivir. El que paga al día y paga lo que corresponde se merece un trato acorde y muy diferente del que tarda 6 meses en pagar y regatea hasta el último céntimo. De lo contrario estaríamos estafando a los buenos clientes, que son consecuentes y honrados.

La historia se repite…

Muchos periodistas que conozco están apostando por la reconversión de sus conocimientos hacia el medio online. Se forman, se renuevan, trabajan duro y están ofreciendo sus servicios como responsables de gabinetes de comunicación en la red. Se mudan a una profesión nueva, todavía en desarrollo que, por desgracia, ya luce una de las lacras que lucía su profesión anterior: el intrusismo y, lo que es peor, la infravaloración del trabajo. Y no hablo solo de dinero, porque el primo de Facebook podría también cobrar (y muchos lo hacen y no se quedan nada cortos pidiendo si atendemos a su experiencia real).

Es cierto que Internet ofrece costes mucho más reducidos que en el mundo offline para muchísimas acciones, pero eso no significa que sea gratis. Al igual que es cierto que buena parte del trabajo (si no todo) de un periodista es vocación, pero el periodista come y se viste como todo hijo de vecino. Es decir, ha de cobrar por su trabajo, aunque lo haga encantado y le eche más horas que un reloj.

Un gestor de comunidad online y el responsable de estrategias en redes sociales son profesionales preparados, que se han formado (y se forman continuamente) para sacar lo mejor de un mundo cambiante como nunca, de unas herramientas gratuitas en cierta medida que pueden reportar grandes beneficios a las empresas que las utilicen adecuadamente. Esos beneficios pueden ser ventas o imagen de marca, más o menos fáciles de medir, pero lo que ya nadie duda es que están ahí.

Trabajo community Manager

Uno puede lograr grandes cosas llevando él mismo su página de Facebook, pero para hacerlo correctamente, ha tenido que leer y formarse, tiene que dedicar horas cada día a nutrir de contenido la red, a escuchar y hablar con su comunidad, a responder a sus dudas y a atender sus debates. El community manager no está en Facebook o en Twitter pasándoselo bien, está trabajando y con toda la responsabilidad de representar a una marca, a sus jefes, a sus empleados, a sus productos, a sus servicios y, en buena medida, a sus clientes. Y no todo el mundo está preparado para llevar eso con ética, dignidad y, sobre todo, profesionalidad.

Sea como sea, en el sector muchas son las voces que reclaman una guía de tarifas que marque una pauta base para los que aterrizan nuevos en este mercado y no saben muy bien qué pedir a cambio de su tiempo, su esfuerzo y su responsabilidad. Algunos expertos, como Dolores Vela, han ofrecido datos al respecto muy interesantes, con guías sobre cuánto cobra de media un community manager que pueden ayudar a los que estén muy perdidos en el terreno. Aquí os dejo algunos enlaces más:
No obstante, es un debate sin cerrar que hace unas semanas volvía a aparecer sobre la mesa de la Asociación Española de Gestores de Comunidad y Redes Sociales (AERCO), de la que formo parte y con los que comparto que marcar unas pautas no es fácil ni correcto si atendemos al libre mercado y la competencia. Yo no me atrevo a proponer ninguna guía de precios porque, además, en la agencia de marketing de contenidos en la que trabajo tampoco manejamos unas tarifas fijas que se puedan consultar sin más, simplemente porque cada plan de redes sociales, cada estrategia para cada cliente, exige unos recursos, un trabajo distinto.
Aún así, sí contamos con unas premisas básicas y una de ellas es que la labor de un Social Media Strategist y de un Community Manager cuesta dinero porque exige tiempo, dedicación, conocimiento y responsabilidad. Es cierto que siempre habrá clientes que ante un presupuesto nublen la vista y decidan que no van a contratar el servicio porque manejar un Facebook puede hacerlo mi primo. No importa: un cliente que no valora el esfuerzo de un trabajo no te conviene. Y, además, lo más probable es que, con el tiempo, o decida salir de las redes sociales o acabe volviendo a ti para pedirte consejo (y presupuesto, claro).

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Periodismo y Twitter

Por Eva Diz

Periodismo y Twitter… No hay ninguna otra red social en la que el periodista se encuentre tan cómodo como en la famosa red de microblogging. ¿Qué será lo que nos engancha a ella? La inmediatez que ofrece para dar una noticia, la notoriedad que otorga como opinadores,  la posibilidad de marcar una agenda paralela a la habitual; la versatilidad de tonos que permite, el contacto directo autor-lector o, simplemente, la libertad y el poder que da al periodista como profesional individual frente a la gran marca colectiva y empresarial de los medios…

periodistas Twitter

La verdad es que Twitter ha abierto de forma definitiva una Caja de Pandora que ya había forzado en su momento la aparición de los blogs y todas las plataformas que permiten al usuario de Internet (en este caso, el periodista), romper la barrera de los medios tradicionales off y online y lanzarse a ser él mismo el productor del contenido: sin intermediarios, sin peajes.

Del mismo modo que ya empieza a haber medios que empiezan solo con una versión online y luego acaban haciendo ediciones en papel especiales para sus lectores más fieles, muchos son los periodistas que han sabido relanzar su carrera a través de redes sociales como Twitter apoyados en un simple blog. Muchos han conseguido trabajo, otros se han consolidado como profesores, colaboradores o consultores externos y otros muchos han decidido dar el paso de montar su propio medio de información u opinión.

periodismo twitter

En la entrevista sobre periodismo en Internet de la que os hablaba en el último post de este blog, también tratamos este tema y salieron cuestiones interesantes que seguro que, como a mí, a más de uno le rondan últimamente. Reproduzco algunas de las preguntas más interesantes para ver si, entre todos, conseguimos alimentar el debate: el espacio de comentarios es libre para todo el que quiera aportar 🙂

¿Consideras a Twitter un medio de comunicación? ¿Se puede hacer periodismo de 140 caracteres?

Sí, por supuesto (aunque muchos no lo crean y lo vean como un juguete con el que perder el tiempo). La tecnología no es buena ni mala en sí, es bueno o malo el uso que le damos. Y, como plataforma, Twitter da la posibilidad a los periodistas de hacer algo que, hasta ahora, solo podían hacer las agencias de noticias: dar Urgentes. Trabajé durante varios años en la Agencia EFE y rara vez vi un Urgente, pero era poco más que 140 caracteres: un titular (sin artículos ni preposiciones) y una frase lanzada de inmediato a la línea de los abonados. Hoy basta cambiar algunos términos para que suene igual: el Urgente de EFE es el tuit; la línea, el Time Line; los abonados, tus seguidores.

Los tiempos han cambiado… Antes un periodista en una redacción tenía los teletipos de EFE, EuropaPress, Colpisa, Servimedia, etc. abiertos mientras escribía. Hoy, todo periodista de 2013 debería tener un Hootsuite (o similar) con X búsquedas grabadas referentes a los temas que está siguiendo ese día. Asimismo, tendría que contar con listas bien organizadas con los perfiles oficiales de personalidades e instituciones de modo que pueda estar siempre al tanto de la información que aportan a través de ese canal. Del mismo modo que uno tiene un filtro en el correo para organizar las notas de prensa que le envían, las listas de Twitter permiten organizar la información de forma muy útil.

Pero, ante todo y sobre todo, un periodista en Twitter tiene que hacer de periodista: cribar, analizar, investigar, profundizar… No es hacer periodismo sacar en la televisión un reportaje sobre qué se dice hoy en Twitter o maquetar una página con los Trending Topic del día…

¿Como pueden utilizar los periodistas Twitter a su favor?

Primero: para crear su marca personal como periodistas. Yo sigo a los periodistas que sigo por lo que comparten en sus redes, no por el medio al que pertenecen (si es que pertenecen a alguno) y cada vez más esta tendencia se hará más patente. Hoy en día todavía mandamos las generaciones del papel, pero los niños de la generación iPad serán totalmente diferentes: ellos habrán crecido con el periodista, habrán tuiteado con él, no enviado una carta al director. Ellos querrán leer a ese periodista y no a otro porque les ofrece el contenido que ellos aprecian. Nuestro trabajo es ser ese periodista, no trabajar en tal o cual medio.

Segundo: para su rutina laboral diaria. Para informar, para encontrar buena información (enlaces, documentos, datos interesantes que se nos puedan haber escapado…), para ponerse en contacto con personas que tengan historias interesantes que contar, para relacionarse con otros compañeros, para escuchar a sus lectores… Ser un buen curator de contenidos en un mundo plagado de información es complicado y muy apreciado. Esa es la nueva labor del periodista, eso se espera de nosotros.

 ¿El perfil de un periodista en Twitter pertenece a los medios de comunicación o a los propios periodistas?

Esto está muy ligado a mi idea de que Internet devolverá la esencia al periodismo, el poder a los periodistas… pero dejará a los medios –tal y como los entendemos hoy- fuera de juego. De ahí que muchos medios quieran apoderarse de la cuenta de sus periodistas, porque todavía creen que el periodista se lo debe: “te siguen porque eres periodista de esta radio”.

Lo siento, pero no lo veo así. Un periodista es dueño de su cuenta de Twitter a menos que, por contrato, así lo haya decidido, en cuyo caso debería informar a sus seguidores de que su cuenta no es personal sino la cuenta oficial del periódico/radio/tv. ¿Los medios que plantean esto se plantean también apoderarse de las frases que sus periodistas dicen sentados en la mesa de una cafetería o en la cola del supermercado? Cada medio tiene su perfil en Twitter, que lo usen como deben. Para mí, esos intentos de controlar los perfiles de cada uno de sus periodistas es solo una prueba de su miedo a perder el poder que durante tantos años tuvieron sobre la audiencia.

#Ahílodejo…

 

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El periodismo emprendedor

Por Eva Diz y Aarón Añover

Estar al otro lado del micrófono, ser el entrevistado en vez del que entrevista nunca ha acabado de gustarme. Por gracia o por desgracia en los últimos tiempos he sido carne de entrevista en más de una ocasión, siempre hablando de cómo reinventarse en un mundo en el que todo está inventado y en el que parece que hay cosas que ya no funcionan. O no funcionan como antes. El periodismo es una de esas cosas. La última de esas entrevistas estaba centrada en el futuro de la profesión. Su autor, Aarón Añover, estudiante de periodismo, planteó preguntas que desde hacía meses tenía en el tintero como temas para tratar en el blog, así que he decidido recopilar esas reflexiones y exponerlas aquí con el objetivo de abrir el eterno debate y animaros a todos a plantear opciones, opiniones e ideas al respecto.

Periodismo

Una de las primeras preguntas de la entrevista hacía referencia al periodismo emprendedor, un concepto que me ha resultado muy llamativo: ¿así es cómo las nuevas generaciones llaman a buscarse la vida en la profesión? Pues no me parece mal de todo. Emprender es algo que teníamos muy atrofiado y que nunca debimos dejar de hacer. Los periodistas acomodados en una rutina de agendas marcadas por otros no tienen lugar en el nuevo escenario que ha creado Internet… Pero creo que tampoco lo tenían antes, solo que, bueno, a veces es más fácil dejarse llevar que nadar contracorriente.

¿Crees en el periodismo emprendedor? Mi respuesta fue y es la siguiente:

Creo porque no queda otra que creer. Y ya que hay que tener fe en algo, qué mejor que tenerla en uno mismo o en la profesión que uno ha elegido. A mí me tocó emprender. No lo he hecho abriendo otro medio (aunque no me quito de la cabeza alguna que otra idea que me ronda) sino aplicando mis recursos y conocimientos como periodista a otras disciplinas que, hoy por hoy, tienen mejor salida laboral que el periodismo en los medios de comunicación (Comisarios de información, expertos en SEO o en marketing de contenidos…).

A los periodistas nos quedan tantas salidas como puertas a las que queramos llamar. Si hay una profesión preparada para casi todo, esa es la de periodista: entrega, valor, facilidad para adaptarse a las circunstancias, capacidad resolutiva, iniciativa, visión crítica y analítica, creatividad… En nuestro día a día estamos acostumbrados a enfrentarnos a un sinfín de retos si bien, las rutinas y las prisas hacen que, muy a menudo, se nos olvide exactamente qué hacemos, lo complejo e importante que es nuestro trabajo. En los últimos tiempos, por desgracia, he hablado mucho de esto con compañeros y la frase es unánime: “Y si no trabajo en un medio, ¿qué puedo hacer?” Pues casi todo lo que te propongas.

A continuación, la entrevista derivaba en la eterna pregunta, el trillado dilema que, a mi juicio, no es tal: ¿Es Internet la culpable de la crisis del periodismo o una oportunidad para relanzarlo? A lo que respondí como buena gallega y con unas risas:

Ni lo uno ni lo otro y todo a la vez.  Internet ha traído dudas, ha cambiado rutinas de trabajo, ha facilitado cuestiones y ha complicado otras… Pero, precisamente, creo que Internet es lo que me permite decir que un periodista hoy por hoy puede hacer casi todo lo que se proponga. Las facilidades económicas y recursos que proporciona la red a un periodista es algo único que debemos aprender a aprovechar. Es hora de dejar de ver la red como un enemigo y utilizar lo que nos ofrece a nuestro favor.

Y, entonces, llegó la pregunta que todos nos hacemos con mayor o menor angustia: ¿Queda opción para el periodismo más allá de Internet?

Sí, por supuesto. Creo que Internet puede (y debe) ser una parte más de todo proyecto periodístico porque es una forma rápida, económica y cómoda de conectar con la audiencia, lograr difusión y, sobre todo, escuchar a nuestros lectores. Pero creo que sí hay mercado para productos periodísticos en papel/TV/Radio, más enfocados al análisis, a aportar perspectivas nuevas y diferentes… Ya no se puede imprimir para mañana lo que todo el mundo ha leído hoy en Internet, pero sí se puede imprimir algo que dé un valor añadido a eso que he leído hoy. Hay que jugar mucho más con conocimientos de marketing, segmentar bien el producto que se ofrece al lector y, sobre todo, apostar por la calidad, la excelencia. Solo por algo realmente bueno la gente estará dispuesta a pagar. Existen algunos ejemplos de que sí hay opciones. Por ejemplo, el magazine Jot Down, que nació como una revista en Internet y, gracias a su buena acogida, se publicó en papel. Estoy segura de que, de ahora en adelante, veremos más proyectos como éste.

Redacción periodismo

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El inmovilismo de los medios

Por Eva Diz
Antes era suscriptora de dos periódicos, ahora leo mi Google Reader. Sí lo confieso sin sonrojo. Antes llegaban a la puerta de mi casa dos periódicos, uno local y otro nacional, en papel, recién salidos de imprenta y con páginas y páginas en las que invertir al menos una buena hora cada mañana.

Poco a poco, fueron adelgazando, ofreciendo poca o ninguna información que no hubiera leído el día anterior en Internet. Empezaron a fallar en los contenidos: carencia de análisis, datos sin sopesar ni digerir, periodismo de declaraciones e insultos, temas manidos, demasiado pegados a la agenda diaria marcada por políticos e instituciones, ausencia de historias humanas, noticias planas… Y malas noticias. Solo malas noticias.

Periodismo-RamonetFallaron (y fallan) en lo básico, y también en las entregas: imagínate que pagas la suscripción a un periódico y, domingo tras domingo, nunca te llegan los suplementos. Imagina que te quejas y te dicen que lo van a arreglar. Imagina que les das una oportunidad… Y nada cambia. Solo que además, de cuando en cuando, no es que no te lleguen los suplementos, es que el periódico no llega o es que si llega no trae nada de interés que merezca la pena el pago que haces (en mi época, eran unos 400 euros al año).

Pues bien. Soy periodista, a mi casa ya solo llega un periódico en papel (local) y no trabajo en ningún medio porque el mercado está como está (o como han dejado algunos que esté). Nadie paga por algo que no cumple sus expectativas, nadie paga por algo que no vale lo que cuesta. Y menos por algo que puede leer en Internet casi al mismo tiempo que sucede. ¿Es injusto? Puede. ¿Internet es la muerte del periodismo? No lo creo en absoluto.

Datos Periodismo DigitalLo que trato de decir es que los tiempos cambian… pero los medios (los de siempre) no. Mis necesidades informativas son otras muy distintas a las que tenía hace 5 años, en un mundo muy distinto al que existía hace 5 años. Y ante esto, no vale llorar por la bajada de beneficios, hacer EREs en las plantillas, recortar salarios hasta dejarlos exiguos, pretender que los periodistas trabajen 24/7 y que no bajen un ápice su calidad, abrazar la autocensura, rendirse a sus intereses políticos/económicos… No sé cuál puede ser la mejor solución para mantener a salvo a la prensa pero, desde luego, no creo que sea aceptar o defender el inmovilismo de los medios.

La prensa tiene que enfrentarse a un cambio, a una revolución, pero reducir costes e inversión no es la vía para hacerlo. Cierto, estamos en crisis. Todos estamos en crisis. Pero para salir de ella no basta quedarse en casa haciendo lo que siempre hemos hecho, ganemos o no algo con ello. Donde ahora hay pérdidas, antes hubo beneficios. Y no, los periodistas -al menos la gran mayoría- no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades… Porque nuestras “posibilidades” nunca fueron muy altas. Es una cuestión de valentía. De saber (y querer) empezar de cero.

Pero los que mandan actualmente en los medios de comunicación parece que ya no creen en el negocio y han preferido invertir sus ganancias en otras cosas. Algunas con más y otras con menos éxito, pero desde luego, solo los “locos” parecen querer invertir en la prensa. Y así es muy difícil ganar batallas.

Pero algunas se ganan. Y, como mínimo,  merece la pena intentarlo. Hay pequeñas batallas que, al menos a mí, me parecen grandes victorias porque representan la luz al final del túnel, aunque esta sea tenue y parpadeante. Os dejo algunos artículos que hablan de esta nueva línea de publicaciones que están sabiendo abrirse camino en la era de Internet en España. No sé si éste es el camino final por el que acabará yendo el periodismo… Pero se le parece.

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