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Reflexiones de una periodista anfibia

Por Eva Diz
He estado ausente en este último mes y medio. Los cambios en la vida siempre exigen su tiempo y obligan a una casi completa dedicación. Ahora, con la mudanza terminada (aún queda alguna caja de libros por deshacer, pero eso ya no me agobia), mis 32 años bien puestos y mis casi 13 meses de periodista por cuenta propia me paro y miro atrás. Me parece lejísimos aquel día de marzo en el que abrí esta bitácora con un post que ahora leo con muchísima nostalgia: Por pura suerte.

Al final sí, parece que fue una suerte eso del paro. En apenas un año, siento que he avanzado a zancadas de gigante, que he crecido aunque siga midiendo metro sesenta: es como si toda la pausa que me habían impuesto mis 11 años de trabajo full time en prensa se hubiera transformado en adrenalina. He hecho un posgrado en Marketing Online (que desde aquí recomiendo a todos los periodistas que estén sin saber muy bien qué hacer con su futuro o que quieran darle un giro diferente a su profesión) y estoy a punto de terminar un máster en SEO, especialidad que espero seguir perfeccionando y practicando de la mano de alguien que ha creído en esta nueva yo desde el primer momento: Gracias Zinqin, gracias Esmerarte y más que gracias Contenido SEO, por las oportunidades, la profesionalidad, la paciencia y los consejos. He tomado buena nota de todo ello y estoy orgullosa de poder decir que ZinKfo es hoy una pequeña parte de vuestro gran proyecto.

He hecho tantas cosas y han cambiado tantas otras que incluso he pensado en que ya va siendo hora de cambiarle el nombre a este blog… Porque, casi desde el principio, no tiene mucho sentido.

La formación ha sido básica en este tiempo para mí: Lástima que en el país de los recortes y la amnistía fiscal, un parado no pueda desgravarse su inversión en formación ni obtener ayudas para estudiar lo que quiere cuando los cursos que ofrece el estado están muy por debajo de su nivel profesional. Es la cruz del parado universitario, que tiene que mentir en su currículo para optar a un puesto de trabajo que nada tiene que ver con lo suyo (porque de lo suyo no hay ni se le espera) para cobrar el sueldo mínimo, si eso. Ay, país, país.

Sí, aunque la sensación general de hastío, decepción, pesimismo y abandono pueda resultar contagiosa, existen aún muchas personas que cada día luchan por cambiar eso, por demostrar que las cosas se pueden hacer de otro modo. Quizás el camino no sea tan fácil como antes, pero desde luego es mucho más emocionante. Personas anónimas entre las que, si estás leyendo esto, seguro que te encuentras tú… y puede que aún no te hayas dado cuenta. A mí me pasó eso. El paro fue el impulso para creer en mí misma, como profesional independiente, como gestora de información que no necesita un medio para saber hacer bien su trabajo. Y me ayudó a ver que, quizás, quienes nos forman han equivocado la manera de prepararnos para la vida real.

Nos han acostumbrado a otras cosas. No somos una generación de lucha y esfuerzo, como sí lo fue la de nuestros padres y, mucho más, la de nuestros abuelos. Bueno,  mejor dicho, no éramos. Hasta hoy. Porque ya somos muchos los que hemos decidido decir basta.

Es hora de dejar de mirar al pasado y tomar las riendas del futuro por nosotros mismos, sin esperar a que otros tomen las decisiones y evitar así que el mañana siga siendo constantemente algo incierto y ajeno.

Es el momento de capitalizar nuestro talento, de dejar de lamentarnos en que nadie cree en los jóvenes y empezar por creer nosotros en nosotros mismos.

Nunca he sido una optimista, como mucho realista (sino pesimista en muchos casos). Por eso me sorprendo al ver que, cuando la gente me define y destaca algo de mí, es precisamente eso que nunca creí haber tenido: energía positiva, optimismo, ganas, fuerza… Y eso me hace pensar que todos somos bastante más fuertes de lo que creemos, no digo en lo personal, sino en lo profesional. El problema es que no nos han enseñado a hacernos valer, a defendernos como profesionales independientes. Hemos sido enseñados para formar parte de un gran engranaje de piezas intercambiables. Porque les interesa que seamos prescindibles, sustituibles, reemplazables. Porque las empresas se nutren con esa incertidumbre, que les sirve para bajarnos el sueldo y apretarnos la vida.

Pero nunca mais, conmigo que no cuenten. En este último año he visto y aprendido demasiado (los días difíciles, aunque duelen, ayudan también mucho). Tengo mi empresa, Zinkfo, mi agencia de marketing de contenidos a la que trato de impregnar una nueva filosofía, un modelo de negocio diferente, en el que el valor de los profesionales que la integran es el auténtico valor de la empresa. Todavía está en pañales, nos queda muchísimo por andar, a pesar de que en estos sus primeros meses ya ha caminado lo suyo. Pero, por suerte, nunca se deja de aprender. Hay mucho que redefinir, muchos esfuerzos que invertir para poder despegar de verdad. Pero las cosas hay que tomarlas con calma para poder verlas en toda su perspectiva. Y reconocer los avances, para tener las fuerzas necesarias para continuar. Aprender de los errores, de lo malas compañeras que son las prisas y mirar siempre adelante, aunque a veces cueste.

Podría hacer un post eterno. Escribir cada hora, sin parar, gritar con cada tecla que merece la pena intentarlo siempre. Pero tengo que ponerme con otros proyectos, que haberlos hailos y, además de darme de comer, son realmente ilusionantes. Ya os iré contando. Como siempre, nos leemos.

Gracias por compartir y espero vuestras sugerencias para darle un nuevo nombre a este blog 😉

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Aniversarios y mudanzas

Por Eva Diz
Sí, he pecado: Llevo ya dos semanas sin actualizar. Lo siento. Muchísimo. Y ahora comprenderéis cuánto: Estoy de mudanza y…, por el camino, de doble aniversario. Cajas, cajas y más cajas (¡¡¡¿¿cómo se pueden tener taaantos libros??!!!), contratos, caseros, muebles, pintores, obras, recambios… El máster, los proyectos en marcha y, casi sin darme cuenta, un año de Zinkfo y 32 abriles 😉

El tiempo se pasa volando. Recuerdo que, cuando andaba por los locos 15, mis padres me lo decían de cuando en cuando. No les creí, por supuesto, y ahora me doy cuenta de que era cierto: Los años viajan en Concorde y casi más que vivirlos, se nos escapan. Este último año ha sido para mí especialmente escurridizo, lleno de cambios, de nuevos retos, de esfuerzos, de momentos complicados y, también, de muchísimo optimismo. Casi como siempre, pero más que nunca.

La mudanza aún no me ha permitido pararme y mirar atrás con la calma que la velocidad del tiempo exige: Cuando lo intento, veo cajas y más cajas… Así que el balance de este año extraño tendrá que esperar a que mis libros encuentren de nuevo su sitio en las estanterías, pero os avanzo que será más que positivo, inigualable. Gracias a todos los que habéis estado ahí, en carne y hueso o en virtual  🙂

No todos los años te puedes permitir empezar de cero (sería agotador y poco productivo a largo plazo). Mi año 31 sí y me siento afortunada por ello. Ahora, toca continuar… Siempre he sido chica de números impares (no me preguntéis por qué, no sabría deciros), veremos qué pasa con los pares: Bienvenidos a mi año 32.

 

 

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